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lunes, 2 de diciembre de 2013

UN POEMA PARA ELLA

 Esa ausencia tan tuya

En las horas eternas miro incesante
ese hueco infame que has dejado en la mesa
con el plato puesto, la sopa ya muy fría.
Lento voy observando como se tiñe de años la madera de tu silla.


Observo también los espacios hallados en mi memoria
por donde tú transitas, paseas, a veces corriendo pasas,
te vas volando y vuelves a dejarme a oscuras
entre tu recuerdo y las imágenes veladas de tu ausencia.


Te fuiste sin cerrar la puerta, y escaparon todos los años compartidos,
corretearon libres por las praderas que para mí algún día dibujaste
y a la hora de dormir, volvieron a casa para arroparme,
para empaparme de la paz de tu mirada apaciguada y añeja.


Deberías saber cuan grande siento tu ausencia,
que mis párpados no responden ante las luces de la mañana,
cómo de secos se han quedado mis ojos
de llorarte una vez y otra desde todos los rincones de mi alma


Mi niñez pizpireta correteaba entre tus faldas
junto a tantos ratos que dejé olvidados en tu regazo
supongo que los llevas contigo, donde quiera que vayas
como yo llevo en mi corazón pegados muchos abrazos de tu alma.


Me hubiera gustado poder decirte: ¡buen viaje!
Y mandar saludos para los que allí te esperen,
el último abrazo que no pudo ser, ahora será un sueño eterno
que aliviará mis dudas y mi desconsuelo en las noches en que te añore


Alba

martes, 22 de octubre de 2013

Mi primer libro: DISTANCIAS

Por fin llegó el día de anunciar que ya está a la venta mi primer libro, del que ya había hablado en alguna ocasión: Distancias.

Hago este anuncio desde el nervio propio de la escritorilla novata que somete por primera vez su obra a juicio. De antemano podéis estar seguros de que habréis leído libros mejores, pero espero que quien lo lea lo haga desde el cariño, tal y como yo lo he escrito y preparado, y sabiendo que es mi primera obra y aún me queda un gran camino por recorrer para poder ser llamada "escritora"...



Distancias es un libro sencillo, corto e imperfecto sin duda, pero lleno de momentos en los que muchos os podréis sentir reflejados, sobre todo si habéis tenido lejos a alguien querido, o si habéis esperado de la vida cosas que nunca llegaron, o que al menos de momento, no llegan.

Escribí este libro en su mayor parte durante el año en que viví lejos de mi país y de mi familia, cuando tuve que marchar a Irlanda y separarme de todo lo que más quería. No es que fuera una experiencia trágica, pero sí es una de las que realmente aprendes muchas cosas, una de las importantes y bueno, según parece la nostalgia es un buen alimento de la poesía.

No obstante, no solo es nostalgia lo que encontraréis en el libro, también esperanza, ansia de cambio, movimiento de una nueva generación, crítica social, nuevas formas de pensar y ver el mundo.

Si os gusta la poesía, os invito a que le déis una oportunidad a mi primer libro, si tenéis un conocido amante de la poesía, os agradeceré que le invitéis a leerlo, y por supuesto y como siempre, dejamos este blog como foro abierto donde libremente podéis dejar vuestras opiniones y reflexiones sobre lo leído.

Desde ya podéis adquirirlo vía online en el siguiente enlace:



Aunque para las personas que estén interesadas en tenerlo y tengan cierto contacto conmigo, recomiendo que me lo pidáis directamente, tengo algunos ejemplares y os ahorraréis gastos de envío:)


Si queréis un aperitivo, aquí os dejo un fragmento del poema titulado Inventario:

"Y ahí estaremos, en el fin del mundo
riéndonos de la lágrima que cuelga,
de las desventuras más amargas,
de las noches en blanco. 

Y se pararán los relojes para esperarnos
al final de lo que nunca termina.

Cuando cesen las horas y echemos las cuentas,
al final del todo devolverás a mis manos
los trozos de mi alma que te fui regalando,
y los pintaremos en el cuadro eterno
de vidas unidas hasta el fin de los tiempos"    



A los que decidáis brindarme vuestro apoyo, muchas gracias y un abrazo. Y a los que no, pues también :D


Alba Sánchez 

 


miércoles, 28 de agosto de 2013

A SIRIA


Hacer caso a la sensibilidad cuando embriaga, aunque sea en forma de rabia o pena, es casi un cometido ineludible del poeta. Darle forma a esos sentimientos -en mi caso con letras- es casi una función vital para quienes así nos desahogamos, a través de la creación artística, que permite abrir canales en los que extender un sentimiento, descubrir quizás espejos en los que sentirse reflejados, ver que no se está solo en la pena. Este poema está dedicado al pueblo Sirio, cuya desgracia es la de todos y no debe dejarnos indiferentes.
Solidaridad con Siria.






A SIRIA

La lágrima que cuelga de la pestaña.
Precipicio abierto,
sangre derramada.
Jirones del alma
en secos pedazos
desparrramada.

Indiferentes balcones
a este lado de un velo de hierro:
observancia callada,
poemas muertos,
infancia ultrajada
y gritos en diferido.

Legiones huecas de esperanza
sobre huesos cabalgan.
Huyendo de su tierra dejan
vidas cercenadas,
puertas cerradas
y futuros a la espera.

¿Cómo pegar añicos de vidas rotas?
¿Dónde terminan los días de la paz muerta?



Alba Sánchez Serradilla

martes, 20 de agosto de 2013

UN PASO MÁS...



A la hora de presentar el blog que tenéis ante los ojos, se me viene a la cabeza mi relación con la literatura, con los libros, con mi profesión, con los bolis si me apuras. No sé exactamente qué debo contar en esta presentación ni cómo hacerlo. Quiero daros la bienvenida, deciros lo que vais a encontrar aquí en entradas sucesivas, invitaros a seguirme y todo el correspondiente bla bla bla de la autopromoción. Pero la verdad, me da pereza ese discurso. 

He abierto este blog, no por aburrir al personal con uno más, sino para terminar de identificarme. Si nos ponemos estrictos, lo he hecho en un sentido egoísta, para convencerme quizás a mí misma de que, en efecto, soy escritora. 

Desde luego no tengo un sueldo que lo acredite, menos aún un contrato (soy de la generación “perdida”, no tengo ni idea de lo que la palabra en cuestión significa) pero es algo que llevo tan dentro como la profesión que elegí, precisamente por su relación con las letras: periodismo y literatura se conjugan en mi persona como motores de vida, el contar cosas, el comunicarme con cuantos más pueda mejor, el que me cuenten. 

Las letras, las historias, la comunicación. Son lo que amo de la vida: un ser humano chocando contra otro (real o ficticio) en un diálogo que se perderá en el tiempo o entre las páginas de los libros para ser rescatadas por alguien más que no presenció la cháchara en cuestión, pero que la comparte incluso a través de la historia, en escenarios absolutamente diferentes. Es hermoso presenciarlo, leer libros, artículos, poemas, letras en general. Y poder crearlo, mejor o peor, es un privilegio. 

La primera historia que quiero contaros en éste, que va a ser precisamente un blog de historias, de literatura, de pluma, es la mía propia:

Cuando era muy pequeñita estuve enferma. Las apetencias del destino quisieron que a los tres años pasara por primera (y hasta el momento, última) vez por un quirófano. Una malformación congénita en un riñón exigía que mi pequeño cuerpecillo fuera sesgado a temprana edad. No hay trauma alguno al respecto, de hecho, apenas lo recuerdo. Aunque sí recuerdo otras cosas. 

Recuerdo que me regalaron muchos cuentos en aquella época, algunos de los cuales aún conservo y de vez en cuando releo. Las historias de Sócrates, Ulises, Cleo y Casimiro (no los clásicos, sino unos animalillos que llevaban tan pintorescos nombres) me acompañaron mucho tiempo contándome las grandes verdades de la vida humana: cómo se hace el pan, el azúcar, la sal, y toda una serie de productos de primera necesidad que si no hubiera sido por aquellas cartillas finas y llenas de dibujos, probablemente a día de hoy no tendría ni idea de cómo se producen. Al fin y al cabo, soy de la LOGSE.

Recuerdo a mi madre leyéndome un cuento a la hora de dormir, noche tras noche, incansable, desde que estuve en el hospital hasta mucho después. Lo que quizás empezó como una manera de entretener a una pequeña en una situación un tanto difícil, se convirtió en costumbre, en tónica familiar. 

En mi casa siempre hemos leído casi de forma enfermiza. Desde muy pequeña se recitar poemas de Gabriel y Galán en castúo, que mi padre leía conmigo en los ratos muertos, que nos hacían gracia por los vocablos de nuestras raíces extremeñas, y que ahora no se van de nuestras memorias, ni falta que hace porque son de los mejores recuerdos que guardo de mi infancia. 

Cuando terminé de devorar buena parte de la colección del Barco de Vapor (Las historias de Fray Perico, mis favoritas) y otras tantas de Manolito Gafotas, entre otros, mi mente pedía marcha. Mis primeros libros “de mayores” los recuerdo bien: Memorias de una Geisha, y Los Renglones Torcidos de dios, este último todo un tocho para una chavala pero me encantó, aunque sospecho que debería leerlo de nuevo y sería como leer un libro nuevo. 

Desde entonces, han sido cienes, no se, demasiados, los libros que han pasado por mis manos. Los adoro. Me gusta verlos acumulados en las estanterías de mi casa y de la de mis padres. Me encanta su tacto y su olor, las páginas que amarillean como en aquel precioso ejemplar de Cien Años de Soledad que rescaté por dos euros en el rastro y que olía a baúl. Me arropan en mis ratos de soledad, cuando los ordeno por categorías, cuando los reviso y leo pasajes de algunos que me encantan. 

A veces, leo más de uno a la vez, mientras no sean varias novelas, porque ahí me pierdo en las historias mezcladas. Los de poesía los cojo sin orden, hoy me apetece Lorca y mañana Benedetti, pasado igual tengo cuerpo de Neruda, y al siguiente de Castro. Todo depende del pie con que amanezca, pero siempre amanezco con pie de poesía, eso no puedo evitarlo, lo llevo en la sangre y probablemente en el alma esa que dicen que tenemos, y que ojalá. 

Mi pasatiempo favorito –uno de ellos- es pasearme por la Cuesta de Moyano en busca de tesoros de segunda, tercera, y quinta mano. Me encanta ojearlos y hojearlos, y puedo pasar horas muertas con el sol en la cara pensando si me dejo todo el "sueldo" o dejo algo para comer. 

Los libros han formado parte de mi vida y de la de mi familia siempre. Es por eso que los quiero siempre cerca, siempre uno en mi bolso, otro en la mesilla, otros regados por todas partes de la casa. Es el único desorden que tolero con gracia y llevo con tranquilidad. 

Mis primeras obras literarias se remontan a numerosos cómics de animales animados que montaban en monopatín y se contaban su vida, cuentecillos salpicados, alguna obra de teatro que escribí para hacer con los amiguitos del barrio, cuadernos llenos de poemas desde mis catorce años que, todo hay que decirlo, dejan bastante que desear. Más tarde, con algún año más a la espalda, muchos proyectos de algo así como novelas, historias que se me han ocurrido y que he dejado a medias, quizás porque me faltan unos cuantos años para ser capaz de afrontarlas, o algunas vivencias más que me den la perspectiva adecuada. Ahí están, esperándome. 

Ahora mi primer libro está en camino, y me siento más escritora que nunca. Siento esa naturaleza indeleble del que necesita contar historias, juntar palabras con toda la gracia y el arte que puede. Siento la pasión de escribir, de trabajar mis textos y mi poesía, y creo que ha llegado el momento de dar un paso más con un blog como éste, donde me presento como lo que soy: una periodista profesional y una escritora vocacional que puede que algún día también haga carrera de ello. Nada me gustaría más. 

De momento, aquí dejo mi espacio donde podréis seguir mi trabajo literario. Junto con Los Días Inciertos, donde tiene lugar el periodismo más delirante, también de mi pluma, pretenden ser dos huecos de una misma autora, diferentes, pero condenados a entenderse: la realidad más cruda y la crítica más ácida, con lo que pretende ser arte, tocar fibras, hacerse con un sitio que quién sabe si me está esperando. Solo se que si no lo busco, nunca lo encontraré. Así pues, adelantecon la literatura, con la poesía, con lo que surja...














Alba Sánchez Serradilla